Este sábado tendrá lugar en Washington una de las cumbres más importantes de las últimas décadas. España estará finalmente en la cita, aunque eso no la hace desde luego más importante, ni siquiera para los españoles. Lo cierto es que todo el mundo tiene puesta su atención en el día 15… excepto el presidente electo de Estados Unidos.
Barack Obama se ocupa a día de hoy, y hace bien, de la transición que le llevará a la Casa Blanca el 20 de enero. Con un equipo nombrado para la causa, ahora no dejan de sonar nombres de cara a la futura Administración afroamericana (si se me permite la expresión). Rahm Emmanuel, viejo conocido de los Clinton, será eso que llaman “jefe de gabinete” de Obama, es decir su mano derecha. Probablemente la persona que mejor deba conocer al nuevo presidente. En cuanto a las secretarías, lo dejaremos en rumores pero se apuesta fuerte por el gobernador de Nuevo Mexico Bill Richardson para Secretario de Estado (lo que viene a ser nuestro ministro de Interior), la gobernadora de Arizona Janet Napolitano como Secretaria de Justicia, y también se habla de Robert Gates, quien podría mantener su jefatura en Defensa. Desde luego, después del “marrón” que le dejó Donald Rumsfeld, lo de Gates no se puede calificar de mala gestión ni mucho menos.
Lo que no había leído hasta ahora son quinielas en torno al actual presidente del Comité Nacional Demócrata Howard Dean. El New York Times apela a fuentes que otorgan parte del mérito de la victoria electoral de Obama a Dean para preguntarse si el bueno de Howard tendrá ahora sitio en la Administración entrante. ¿Tal vez como Secretario de Sanidad? Es médico y su anterior gestión como gobernador de Vermont parece avalarle en ese sentido. De cualquier forma, el periódico neoyorquino reconoce que la “estrategia de los 50 estados” acuñada por el jefe demócrata ha funcionado en esta ocasión para elevar a los altares a Barack Obama. Frente a quienes se empecinaban en “trabajar” los mismos estados proclives al azul demócrata una y otra vez, Dean apostó por revivir las sensibilidades demócratas en aquellos lugares donde éstas vivían acomplejadas por el dominio republicano. Frente a quienes pedían más dinero para las campañas de los congresistas demócratas en las legislativas de 2006, Dean filtró la “pasta” a los partidos demócratas de todos los estados. Frente a quienes veían una lucha a corto plazo por la Casa Blanca en 2008, Dean proyectaba una estrategia de futuro con el fin de “democratizar” (como antónimo de “republicanizar”) los Estados Unidos de América.
Tres factores que han facilitado esa voluntad expansionista de la “50-state strategy”: la cifra récord de dinero recaudado por la campaña de Obama, la intensa contienda Obama-Clinton en las primarias demócratas que obligaron al afroamericano a pisar prácticamente todos los estados (desde luego todos los estados clave), y en tercer lugar la comunidad afroamericana de estados como Carolina del Norte, Georgia o Indiana. La victoria de Obama en estados tradicionalmente republicanos no se hubiese producido sin la convergencia de, al menos, estos tres factores.
Dicho todo esto, y después de haber dedicado el post a echarle flores a Howard Dean, tengo que decir que lo de la entrada del ex-candidato (en 2004) en el equipo de Obama está cuando menos complicado. Y es que según asegura el NYTimes, Dean mantuvo durante la campaña serias diferencias con cierto personaje en torno a la aplicación o no de su estrategia. ¿Adivináis el nombre de ese personaje? Rahm Emmanuel… a la sazón, nuevo jefe de gabinete de Obama.