Me hago eco de un movimiento ciudadano que me ha dejado impactado, y nunca mejor dicho. Ahora lo entenderéis.
Acabo de leer que a cierta persona en el ciberespacio se le pasó por la cabeza que la proposición aprobada por la Cámara californiana en contra de los matrimonios gays (el mismo día en el que Obama hacía historia, qué casualidad) era una completa injusticia y una muestra de las desigualdades que imperan en nuestra sociedad. Una tal Amy Balliet, 26 años y natural de Seattle (Washington, USA), puso en marcha la página web JoinTheImpact.com y a partir de ahí Facebook y la wikiesfera han hecho el resto: 34.000 miembros en la red social… y tachán! Manifestaciones contra la aprobación de la ley en 300 ciudades de 50 estados norteamericanos y ocho países. Como muestra un botón, la manifa del pasado sábado en Washington DC:
Supongo que la capacidad de movilización de la Red no es ya ninguna novedad. Independientemente de mi posición en torno a lo que reivindican estas personas, que por otro lado no importaría a nadie, creo que lo interesante está en ver hasta qué punto podemos valernos de ciertas herramientas para “colaborar” con las instancias políticas en la elaboración de la agenda pública. Digo “colaborar” porque primero, no es algo que siempre agrade a la clase política, y segundo, porque tampoco soy tan idealista como para pensar que los ciudadanos somos capaces de controlar de cabo a rabo la agenda temática de la gestión pública diaria. Ni podemos ni quizá debamos.
Noviembre 22, 2008 a las 1:03 pm
Sin duda, el gran triunfo de internet es haber propiciado nuevas formas de participación política