Cómo optimizar la comunicación ciudadana con el Congreso

Communicating with Congress es el nombre de un proyecto impulsado desde hace una década por la Congressional Management Foundation (CMF) con el fin de estudiar posibles alternativas a la comunicación política unidireccional a la que nos hemos malacostrumbado desde que el mundo es mundo; es decir, nace con la vocación de fomentar el diálogo democrático entre los diferentes “stakeholders” con el Congreso, en este caso norteamericano (la Cámara de Representantes y el Senado). Y para ello se ha tirado de encuestas, focus groups, conferencias, talleres y demás herramientas de investigación.

El último trabajo publicado por la CMF a raíz de este proyecto arroja una serie de recomendaciones de cara a NO desvirtuar el objetivo principal. Y es que las conclusiones extraídas del informe son demoledoras: se habla de frustración, incomprensión, esfuerzo valdío e insatisfacción por ambas partes, tanto por el lado del ciudadano como del representante político de ese ciudadano. Ojo, tanto uno como otro son actores principales del proceso comunicativo; sin embargo, existen otros “públicos” a los que prestar atención. Hablamos de organizaciones especializadas en la elaboración de campañas de base (grassroots campaigns), entre ellas grupos de interés, asociaciones profesionales, empresarios, sindicatos, clubs, etc. Los últimos convidados de piedra serían, en este caso, las empresas del sector de las TICs que respaldan a cada uno de los dos “stakeholders” principales para aumentar la eficacia del proceso.

Como en todo flujo comunicativo, aquí también encontramos “ruido”: cuestiones de seguridad, cantidad infinita de mensajes, ausencia de estándares y, sobre todo en el caso estadounidense, muchísimo personal a cargo de cada uno de los congresistas. La masivas peticiones de los votantes/ciudadanos han llevado a muchos miembros del staff de los congresistas a ignorar cualquier mensaje que no provenga o no haya sido enviado a través de la página web del Congreso o el sitio web del congresista en cuestión.

Pues bien, por todas estas razones que han originado esa frustración en emisores y receptores, la CMF propone un nuevo modelo de comunicación basado en:

Unificar los mensajes enviados por un mismo colectivo en relación a un mismo tema. Esto permitirá incrementar el impacto de la campaña y trasladar de una manera clara los hechos y los sentimientos del grupo.

Verificar el consentimiento y la participación de los ciudadanos particulares en los mensajes enviados al Congreso. La receptividad por parte del representante político será mayor si, por ejemplo, se añaden elementos de personalización en el contenido de los mensajes (comentarios de particulares, etc.).

Identificar la organización de la que proceden los mensajes, lo cual permitirá establecer relaciones a largo plazo y mejorar la mutua confianza. Tener buena información del grupo emisor resultará además muy eficaz a la hora de solventar posibles problemas técnicos.

Identificar el asunto o petición recibida con el fin de archivar y responder la comunicación del ciudadano a la mayor brevedad posible.

Desarrollar estándares de código abierto y ponerlos a disposición de las organizaciones y pequeños grupos de influencia. Esto facilitará la familiarización de esos grupos con los procesos de comunicación del Congreso, y les evitará la necesidad de acudir a la ayuda de terceros.

Escribe un comentario