El discurso del PSOE de un tiempo a esta parte, prácticamente desde que revalidó a Zapatero en el sillón de Moncloa en las elecciones generales de 2008, ha guardado coherencia en pocas cosas. Una de ellas ha sido la de tildar al principal partido de la oposición, al PP, de “antipatriota”. Como argumento de ese antipatriotismo, la supuesta ausencia de propuestas populares para abordar la crisis económica y arrimar el hombro en el que el gobierno socialista pretendía apoyarse para no acabar cayendo.
El PP ya ha puesto sus cartas sobre la mesa. Se deja algunos ases en la manga, pero sus principales líneas de actuación en el ámbito económico ya se conocen. Éstas son algunas de ellas:
- Reforma laboral: reconocer la formación como un derecho de los trabajadores, formación gestionada por ellos mismos. Además, el PP se “carga” la negociación colectiva” como la conocemos hoy, apostando por negociaciones particulares a cada caso entre empresario y empleados, con cláusulas de descuelgue.
- Fiscalidad: bajar impuestos (I. Sociedades para pymes y autónomos + IVA superreducido para el turismo).
- Reforma financiera: aumentar la regulación de los activos financieros, condicionar el uso de fondos públicos al saneamiento de dichos activos, e impedir la presencia de cargos políticos en los órganos de gobierno de las cajas de ahorro.
- Administraciones Públicas: fijación del techo de gasto y endeudamiento en todas las administraciones (estatales, autonómicas, territoriales y locales). Definir, además, las competencias de cada administración para evitar duplicidades, y prohibir transferencias ajenas a dichas competencias.
- Energía: el mix energético como política generadora de competitividad para la economía española. Energías renovables + energías tradicionales (incluida la energía nuclear).
- Educación: garantizar el castellano como lengua vehicular y la libertad de elección de los padres. Reforzar la autoridad del profesor frente al alumno.
- Unidad de mercado: simplificar la compleja normativa en la actividad empresarial, generada por la proliferación de regulaciones autonómicas y locales.
El PP presenta así sus credenciales como alternativa de gobierno en un momento en el que partidos políticos, agentes sociales y algunos medios de comunicación lloran la ausencia de una verdadera alternativa al proyecto fracasado de Zapatero. En el día, además, en el que el Consejo de Ministros ha aprobado una reforma educativa demasiado “light” como para haber encontrado el apoyo de los populares. El malogrado Pacto por la Educación nunca quiso ser pacto, de la misma forma que el Pacto de Estado por la Economía nunca fue buscado por el gobierno socialista. Desmitificar la cultura de los pactos en este país es una tarea pendiente.